La quijotesca aventura de la Administración Pública 

En la asignatura de Liderazgo del máster que estoy haciendo, el comunicador (antes se llamaban profesores, pero como este blog es del cambio, seré coherente y utilizaré términos modernos) Manel Muntada Colell, nos hizo escribir una entrada para el blog de Liderazgo de Inap Social. “- Una entrada!!! madre mía, ¿de qué iba a hablar yo? nunca he escrito una entrada en un blog, es que no sé sobre que escribir, pero… ¿donde me he metido yo?”- pensaba para mí misma. Hasta que un día, cuando ya vencía el amplio margen de tiempo que nos había brindado Manel para enviarle la entrada, me senté enfrente del ordenador y empecé a escribir, iba escribiendo conforme me venían las ideas a la cabeza, ni siquiera sabía como iba a acabar la historia pero lo que yo me reía mientras escribía no os lo podeis imaginar. Cuando acabé la entrada no sabía si estaría bien o mal, o si gustaría o no, pero la experiencia fue muy positiva, eso sí debo reconocer que pasé un poco de vergüenza la primera que vez que se la dejé leer a alguien para que me diese su opinión, -“¿qué pensará?”– me preguntaba (menos mal que su respuesta fue positiva). Y mira por donde, poco más de un mes después decido abrir mi propio Blog, algo inimaginable mientras escribía esa entrada. Existen comunicadores que durante años intentan transmitirte conocimientos pero no lo consiguen y es más, pasados los años apenas los recuerdas, otros sin embargo, con escucharlos en dos sesiones te marcan para siempre, tú sin duda formas parte de éstos últimos, gracias Manel por tus clases y tus enseñanzas, por los ánimos que transmites, por tu accesibilidad pero sobre todo por despertarnos ese “no se qué” que llevamos dentro dormido! Os dejo la entrada:

“Quién me iba a decir a mí, hace más de veinte años, mientras leía las locas historias de Don Quijote de la Mancha, que a día de hoy me iba a sentir cual hidalgo caballero sobre mi fiel rocín!!! Sí es que dichoso Cervantes, ríase de las profecías de Nostradamus, pero la situación actual de la Administración Pública española parece sacada de ese libro satírico, donde la quema de los libros caballerescos de Don Quijote, que lleva a su locura a la máxima expresión, se asemeja a la actual administración, una administración en plena transformación, dirigida a convertirse en una administración electrónica, donde los expedientes que cada día manejo compuestos algunos de ellos por cientos de páginas, (que si bien a veces llegan numerados muchas veces sin numerar, lo cual implica que si se desordenan me pase media mañana intentando encontrar el orden adecuado), me dice la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, que van a desaparecer, es más, que ya deberían haber sido calcinados junto a las novelas de Don Quijote, y ahí ando yo, sobre mi fiel Rocín, mi querido, preciado e impronunciable Pentium XX, con Sancho Panza dándome consejos y siendo la voz de mi conciencia, llamado hoy San Google, quien me guía en mis quehaceres diarios y me hace poner los pies sobre la tierra, a veces de forma fallida y otras veces muy sensatamente llevándome a buen fin.

Pero ando yo confundiendo los molinos de viento con enormes gigantes que vienen a por mí, cada uno tiene un nombre propio, nombres que en mi vida había oído y que Sancho, con la paciencia que le caracteriza, me explica una y otra vez, puesto que me cuesta entender lo que sus sabias palabras quieren desdibujar. Uno de ellos tiene por nombre “Interoperabilidad”, no sé si es otro de los cientos de nombres que tiene Satán, Belcebú, Lucifer… o simplemente es uno de esos gigantes que espera que le derribe con mi lanza, y ahí voy yo, toda decidida azuzo a mi fiel rocín, agarro mi lanza y me dirijo hacia él, -“Vamos Rocinante”- grito mientras le sacudo para que avance velozmente, pero como a Don Quijote, a mí también me vence el gigante y mi lanza al primer embiste se deshace en mil pedazos, dichosa Interoperabilidad… deseando estoy que llegue el día en que le venza y llegue a ser una realidad, que todas las administraciones podamos hablar el mismo idioma, informáticamente hablando, y se pueda acceder con facilidad a los datos que poseen las demás… me quedo tirada en el suelo, al lado de Rocinante, mirando a todos los lados y observando el nombre de los demás molinos, todos tienen nombres similares, inentendibles, incluso alguno pretende engañarme disfrazando su nombre con el de bellas damas, uno de ellos se hace llamar CARMEN y otro CLARA, Sancho me explica que con ellas no hay peligro, que tienen por misión velar por la seguridad, pero a mí estos gigantes aunque tengan nombres de doncellas no me la pegan porque sé que son como la serpiente del Edén y no caeré en la tentación, de momento no.

Ni siquiera caí en la tentación cuando ví un molino de viento que se llamaba Open Government, que si bien en un principio me atrajo la idea de acercarme a él, las heridas que me dejó Interoperabilidad me hicieron volver a la realidad y quedarme quietecita, pero el impulso que sucumbió mi cuerpo dolorido al leer esas palabras y en ese idioma tan “romántico” erizó hasta el último pelo de mi cuerpo: – Open Government-, me decía una y otra vez a mí misma, – Qué bonito suena-, y me quedé imaginando como sería su interior. La verdad que me gustó, y mucho, puesto que era un mundo diferente, muy distinto a la actual administración pública en los términos que hoy conocemos, y me surgió la necesidad de poder contribuir a lo que se prodigaba por esos lares; un mundo que actúa con celeridad, proximidad a los ciudadanos, transparente, sin vicios ni corruptelas de ningún tipo. Sancho me dijo que es ahí donde todos estamos destinados a llegar, y que todo lo que hagamos de ahora en adelante será para conquistar ese molino, lo que me levantó el ánimo e hizo que emprendiese mi camino de regreso a mi hogar para sanarme de las heridas y volver a salir en busca de nuevas aventuras que me lleven a ese fin.

Historias caballerescas a las que se enfrenta Don Quijote en busca de su amada, Dulcinea del Toboso, y ahí ando yo junto a mi administración, buscando a un caballero andante que me ponga los pies sobre la tierra y me ayude a gestionar electrónicamente todos los procedimientos, a ser lo más transparente posible, a alcanzar ese Open Government del que tanto se habla, un caballero que me indique cual es el camino a seguir, como alcanzar esas metas y que en caso que me desvíe me haga volver al redil, que se adapte a mí y yo a él, que sea manejable, y sobre todo que no sea único, su nombre: “Plan Estratégico”, mucho menos sensual que el de Dulcinea, eso ya lo sé yo, pero muy útil para alcanzar mis objetivos, que no son otros que los de la propia Administración.

Así pues vuelvo a mi aldea, cabizbaja y derrotada, como Don Quijote, que después de cada salida en busca de aventuras vuelve derrotado y se encomienda a su ama de llaves para que le cure las heridas, así me encomiendo yo a los informáticos de la administración, pero contenta, contenta por poder contribuir a alcanzar una administración nueva, reinventada, cercana, transparente, en la que se ve reflejada la sociedad actual y que dicha sociedad sienta que necesita a esta nueva administración, para que así deje de verla como un obstáculo a superar y que a partir de ahora la vea como un medio.

En resumen, el objetivo a alcanzar es que la sociedad se sienta implicada en la administración, que la sienta como algo suyo y vea que esa misma administración le rinde cuentas de cualquier tipo de actuación.”

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