La formación del empleado público

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Seguimos hablando de la gestión del cambio, y  para ello hoy trataremos el tema de la formación del empleado público. Creo que es uno de los principales factores necesarios para ser conscientes del cambio que estamos experimentando, algunos ya pasaron el cambio y lo superaron con éxito, otros aún lo ven muy lejos, y otros, como nosotros, “estamos en ello”, pero lo que está claro es que por ahí debemos pasar todas las administraciones. Me centraré en el cambio personal que estoy experimentando como funcionaria pública, (puesto que es el cambio que mejor conozco) y para ello debo hablaros de como me introduje en el mundo de la formación y sobre todo del máster que estoy realizando en la actualidad que es el máster en Liderazgo y Dirección Pública, del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP) en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

Hace años mi interventor realizó el curso en Dirección Pública (precedente del master) y desde entonces me recomendaba que debía hacerlo, sin embargo yo estaba siempre pendiente de hacer cursos “de lo mío” como yo decía, que si un curso de haciendas locales, otro de fiscalización, de contratación, de prudencia financiera, de subvenciones… cursos que me encantan (sobre todo la prudencia financiera, si es que en esta vida hay que ser prudente para todo, ya se lo podían haber explicado hace tiempo a los bancos y a los diferenciales que aplicaban en los préstamos concertados por las entidades locales así como los derivados financieros que se escondían en la letra pequeña de las cláusulas) y que obviamente son necesarios para poder desarrollar mi trabajo correctamente, pero se trataban de cursos que en esos momentos no daban cabida a estudiar temas como el del liderazgo y ni mucho menos de dirección pública, – Si yo fiscalizo, que voy a liderar? – me planteaba. Hasta que al final, al ver el camino que estaban tomando determinados tipos de expedientes pensé que quizás sí, quizás debía implicarme un poco más en la administración y además desde otra perspectiva ya que al final incluso redundaría en mi propio beneficio, (menos problemas a la hora de fiscalizar) pero también en beneficio de la corporación (tramitación de expedientes correctamente, de una forma más ágil, dinámica…) y lo más importante, y ahora soy consciente de ello, en beneficio de la sociedad.

Este master está suponiendo un punto de inflexión en mi forma de pensar sobre la administración. Asignaturas como marketing público, inteligencia emocional, evolución de las administraciones públicas, transparencia, ética pública, liderazgo… son asignaturas que en un principio uno puede pensar que no tienen nada que ver con la función propia de cada uno, pero que al mismo tiempo son nuestras propias funciones, es decir, y como indiqué anteriormente, yo fiscalizo, pero a su vez el/la ingenier@ hace proyectos, el/la arquitect@ diseña edificios, el/la aparejador@ controla las obras, dirige proyectos, el/la biolog@ se preocupa de las plagas, del medio ambiente… cada uno con las funciones propias de su puesto de trabajo, y que vienen determinadas en la relación de puestos de trabajo (RPT), y sí claro, esta es la razón fundamental, pero creo que nos olvidamos de lo principal, de lo más básico; y es que somos funcionarios públicos y, a parte de nuestras funciones propias de la RPT tenemos otras que se corresponden con nuestra condición de empleados públicos, así lo establece el Estatuto Básico del Empleado Público, aprobado por el Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, en su artículo 52 al hablar de nuestros deberes y establecer el código de conducta. Dentro de los quince principios que enumera dicho artículo quiero destacar los siguientes: “[…] dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez […]”, principios que no se encuentran determinados en la normativa sectorial propia de cada puesto de trabajo, pero que deben ser respetados por todos y cada uno de nosotros. El mismo texto legal en el artículo siguiente dedicado a los principios éticos establece Su actuación [la de los empleados públicos] perseguirá la satisfacción de los intereses generales de los ciudadanos […]”

Pues bien, creo que para poder dar cumplimiento a todos estos principios, la formación es la piedra angular que los sustenta, que no se pueden establecer nuevas metas a alcanzar si previamente no se prepara al personal para ello, puesto que son quienes tienen que manejar el cambio. Es cierto que han habido épocas de crisis, y que dadas las circunstancias geográficas del hecho de vivir en una isla, los recortes presupuestarios hicieron que la formación fuese uno de los primeros cimientos en derribarse, y el poder salir a formarnos se convirtió en un imposible, solución: “si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”, así que si no me concedían el poder ir al INAP a un curso de Contabilidad Pública Local (valga decir que corría el año 2014, y en el 2015 entraba en vigor una importantísima modificación de la instrucción de contabilidad pública local y consideraba necesaria la formación en la misma) pensé: “pues que venga el INAP a Ibiza, y así no seré la única en beneficiarme del curso, sino que también podrán acudir el resto de interventores y tesoreros de las islas pitiusas, y así es como me introduje en el mundo de la coordinación formativa y además aplicando los principios que deben regir la buena administración, eficiencia, eficacia y economía. A partir de ahí se recuperó la colaboración con el INAP en la coordinación de cursos descentralizados siendo todos ellos un éxito.

Por cierto, el sábado pasado se publicaron en el BOE cursos del INAP en los que se convocan acciones formativas para empleados públicos en materia de gestión del cambio. Os dejo el link por si os queréis apuntar a alguno de ellos:

https://www.boe.es/boe/dias/2017/02/18/index.php?d=42&s=3

En otra ocasión seguiré hablando del master, de sus asignaturas, del trabajo de fin de máster que deberé realizar (cuyo tema principal os quiero adelantar que serán las subvenciones) pero lo que me gustaría resaltar hoy es la necesidad de que los funcionarios se formen en esta materia, en liderazgo y dirección pública, se trata de un curso recomendable al 200%, tan necesario para la corporación como para el propio funcionario, y sobre todo, un curso muy especial por los compañeros que se tienen, grandes profesionales de la administración pública estatal, autonómica y local, y que ya con cinco meses de duración que llevamos de curso se ha creado un clima de complicidad inexplicable (cabe decir que los avatares de las entregas de trabajos, tanto individuales como grupales, han colaborado para crear una gran unión) el poder dialogar sobre problemas comunes que tenemos en nuestros puestos de trabajo, las diferentes visiones de cada uno de ellos,… una experiencia enriquecedora y que aporta mucho más de lo que me podía haber imaginado, el ver como funcionan determinados aspectos en el estado, en las comunidades autónomas, en otras diputaciones, ayuntamientos o consorcios…

La conclusión del post de esta semana: La formación sectorial de los empleados públicos no debe nublar nunca la formación esencial de la función pública, siendo ambas no solo un derecho sino un deber de todo funcionario. 

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